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martes, 16 de febrero de 2010

What happens when the heart just stops

The distance between the back of your head and your tongue is SO short... and yet, millions of things get stuck there for years and years, rotting, taking over your brain, extending to your heart, your lungs, stopping you from breathing easy.

Speak up, let it out, say it to me now.



El viernes estuvimos viéndolos y escuchándolos. Mi relación con The Swell Season, Glen, Markéta y The Frames empezó viendo, por pura casualidad, la película Once. La vi en el DVD club y pensé que sería una peli pastelosa, pero vi en la caja que había ganado el premio del público en Sundance, así que le di una oportunidad. Anduve con la mandíbula caída durante días. Me compré la banda sonora (el primer CD que me he comprado en un par de años) y la escuché hasta la saciedad. Gwen me dio el álbum The Swell Season y toda la música que ella tenía de The Frames. Sólo escuchaba esa música. Esas letras me hablaban. En Noviembre, Lars me dio Strict Joy (la edición deluxe), el nuevo álbum de The Swell Season. Todavía no he parado de escucharlo. Las nuevas canciones son aún mejores. La segunda parte, en directo, me enamoró. Glen habla. Habla mucho entre canción y canción. Y siento que me está hablando a mí. Vi que venían a Dresden en Febrero. Pregunté, nadie quería ir. Me compré la entrada. Iría, aunque fuera sola. Luego, hablando con Marta y Rebe, contándoles mi relación con esa música, decidieron venir desde París ese fin de semana, visitar Dresden y ver a Glen y Marketa en directo. Y así fue. El viernes allí estábamos.

Y aún ando con la mandíbula caída. Falling slowly for them.... fell completely for them already.



Maybe I was born to hold you in these arms...
Este vídeo es, con permiso del respetable... fucking brilliant.

In These Arms from banjo bandstand on Vimeo.




sábado, 4 de julio de 2009

Everybody knows

Me da rabia querer describir lo que viví, porque cualquier cosa que escriba será incapaz de hacerle justicia al espectáculo que Mr. Cohen nos brindó anoche.
Empezando con "Dance me to the end of love", siguiendo con "Everybody knows" y compartiendo esa voz cada vez más grave y más rota con nosotros, consiguió tenerme con la boca abierta durante tres horas. Y aún hoy conservar una sonrisa boba en mi cara.

"Bird on the wire" me sonó mucho más triste que de costumbre, quizá porque lo vi a él, intentando explicarse a sí mismo por qué había hecho las cosas así, y pidiendo perdón a quién sabe qué persona por quién sabe qué cosas.

Cuando empezó a sonar "Suzanne" llamé a mis padres y compartí con ellos ese momento mágico. Y es que si no fuera por ellos, yo nunca hubiera ido ayer a Berlín a ese concierto.

Más tarde sonó "Hallelujah" y yo no me podía creer el hecho de estar oyendo en directo mi canción favorita de todos los tiempos. No me podía creer que ese tipo con traje y sombrero, de 74 años, pudiera hacerme sentir todo lo que sentí ayer.

Salió del escenario sin haber cantado "First we take Manhattan", y le obligamos a volver, porque nos tenía atrapados, y queríamos oírselo decir: "First we take Manhattan... then we take Berlin".

Y al final, nos conminó a ser felices de cualquier modo, y a buscar las buenas cosas en la familia y los amigos. Y si faltan, en la soledad.

Thank you, Mr. Cohen.

lunes, 18 de mayo de 2009

La primavera se quedó con una esquina rota

Hoy siento un vacío chiquitito en el corazón. Anoche fui a mi estantería, y cogí el único libro que me ha acompañado en las tres ciudades en las que he vivido. El que tiene más subrayados, notas al margen y el que más recuerdos me trae de todas las épocas de mi aún corto viaje en el paréntesis de la vida. El vacío que siento no es grande, porque Benedetti para mí era como una hormiguita. Su poesía me susurra al oído, y entra en mi cabeza pasito a pasito, muy despacio pero constantemente. No es grande porque él tenía una voz y una pluma chiquitas, y yo siempre lo vi como un enanito que trabaja sin descanso en multitud de sensaciones y emociones. Y desde que anoche me enteré de la noticia he ido repasando los poemas que más me gustan de ese libro, su antología poética. Y releyendo ésos y otros, he vuelto a comprobar una vez más que él ha sido capaz de describir cada sensación y cada emoción que yo haya podido experimentar alguna vez. Por eso sé que me estoy engañando a mí misma diciendo que el vacío que siento es pequeño. Pero así de optimistas son sus poemas y así de optimista quiero ser yo hoy. Y siempre.

viernes, 8 de septiembre de 2006

Gracias, flaco


Yo pretendía llegar esta noche de Madrid y escribir sobre el concierto. Pero ahora me siento aquí delante y casi no puedo. Se lo curró. Se lo curró bien currado y nos tuvo en vilo las dos horas y media. Parecía que se iba y cantó tres canciones más. Nos hizo reír dando pases con la bandera con un par de tibias y una calavera, casi nos hizo llorar cuando cantó por los ausentes. Nunca le había visto en directo, pero cuando en Julio vi que iba a Las Ventas, supe que tenía que estar allí. Y no me equivoqué.
Dos horas y media de charla con él. Dos horas y media en las que, entre las proyecciones de fondo, sus teatrerismos, su banda y su carisma nos tuvo saltando, bailando, coreando. Venció a la tormenta, venció el miedo a una plaza a reventar y nos demostró que sigue ahí, y que sigue con fuerza. Le brillaban los ojos cuando ahogábamos su voz.
Él se baja en Atocha, y yo también.

jueves, 6 de abril de 2006

Tarde de poesía

"yo hablo vasco por mi infancia, castellano por la escuela, francés por el exilio, italiano por placer, catalán por amistad..."

Ése de la foto es Paco Ibáñez. Hoy he ido a un recital que ha dado en la Escuela de Ingenieros de Sevilla. Si tuviera que usar una palabra para describirlo, diría emotivo. Paco Ibáñez, para quien no lo sepa, canta poesía. Hace suya la poesía escrita por otros, para darle una nueva dimensión, la de la música. Con 72 años, este hombre ha estado una hora y media de pie con su guitarra, nos ha regalado un rato maravilloso y me ha arrancado una o dos lágrimas...

Érase una vez

un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos [...]

Ha hecho que cantemos con él, con miedo a tapar su voz, que era a la vez frágil y robusta. Al menos a mí me ha dado ánimos...

]...]La vida es bella ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos [...]

... a la vez que me revolvía el ánimo...

[...] Mis ventanas
ya no dan a los álamos y a los ríos de España [...]

... y me calmaba como con un bálsamo.

Andaluces de Jaén, aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién?
¿quién levantó los olivos?
Andaluces de Jaén [...]

Gracias, Paco, por una tarde que se presentaba aciaga. La has resucitado.

PD: Y gracias por supuesto a Goytisolo, Alberti y Miguel Hernández. La casa sin cimientos no es tal.