domingo, 15 de marzo de 2009

Not going anywhere

Hace unos meses él se fue de Dresden. Es una persona muy especial. Tanto en general como para mí. Es un melómano incurable, siempre tiene una canción adecuada para cada momento. También es extremadamente inteligente y reflexiona sobre básicamente todo. Siempre tiene una pregunta sobre cualquier tema que te deja pensando varias horas. Tiene historias sobre el inicio del Universo, y tiende a repetir viejas historias. Le gusta cocinar, le gusta comer, le gusta beber ron solo. No es muy amante del cine, pero no le amarga un dulce y disfruta viendo buenas películas. Es un gran amigo y mucho más que eso. Es la primera persona junto a la que supe que podría pasar el resto de mi vida. Y aún así, nunca fuimos pareja en el sentido clásico de la palabra. A pesar de eso, nos prometimos que, si cuando yo tenga 30 años ni él ni yo tenemos pareja, nos casaremos.
Cuando se fue de Dresden mandó un mail a todos sus amigos con esta canción. Y aunque sé que dice la verdad, no pude evitar llorar.

3 comentarios:

Antonio dijo...

Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas. Rabindranath Tagore

Emilienko dijo...

Últimamente estoy pensando en que quizás lasa cosas sean especiales porque sabemos que podemos perderlas en cualquier momento.

Quizás. Quién sabe.

Beíca dijo...

Completamente de acuerdo con Emilienko. Lo que puede perderse deja un sabor mucho más intenso que lo que sabes que siempre va a estar ahí. Y normalmente te das cuenta de ese sabor después de haberlo perdido...

(Es que se da la circunstancia de que me ha pasado algo parecido a lo que cuentas en la entrada ;-))

¡Un besito Elena!