miércoles, 16 de julio de 2008

De todo en general

Muchas veces me pongo a pensar en mis amigos, los que conozco desde hace mucho, e intento recordar de qué exactamente los conozco. Es decir, cuándo fue la primera vez que nos vimos, quién nos presentó, qué cosas hicimos las primeras veces que nos vimos, etcétera. En algunos casos es muy fácil, como por ejemplo con la gente que conozco desde párvulos, o desde primaria. Pero hay un grupo de amigos especial, que no conozco de nada en concreto. Somos muy amigos, compartimos muchas cosas y cuando alguna tercera persona nos conoce y reconoce la profunda amistad que nos une, siempre nos pregunta: ‘Pero vosotros… de qué os conocéis?’ esperando, supongo que le digamos que nos conocemos desde que nacimos, o desde el colegio, o algo así. Y nunca sabemos contestar. Así oficialmente nos conocemos, se supone, porque íbamos juntos a la montaña los fines de semana con una asociación juvenil. Luego algunos coincidieron en el instituto, otros nos conocíamos de antes, porque íbamos juntos al conservatorio de música, a otros los conocí a través de los primeros... y ya todo se embrolla un poco.
Y nos gusta responer, al menos a mí, que nos conocemos de la vida. Y es genial, porque hemos compartido tantas cosas que ya es cierto, aunque suene a que tengamos 50 años.
Por eso no están clasificados como nada especial, sino como todo en general.

3 comentarios:

Nepomuk dijo...

Bueno, los amigos de la infancia, los que tienen currículum, rara vez se conservan. Crecemos, cambiamos, y aquello que era del todo permisible con los 12 años, con los 20 se vuelve imposible.
Y el tio más cachondo del mundo se convierte inexorablemente en ese insoportable payaso...

Ay...dura vida estaaaaaaa...

Elenita dijo...

Nepoooooo!!!!
ole que guay que ya estés bien...

Y sí, algunos se vuelven insportables pero otros quedan, así que debo ser rara porque tengo unos cuantos con curriculum de los largos...

Emilienko dijo...

Bueno. En mi caso particular puedo decir que recuerdo perfectamente la primera vez que te vi.

Debajo del azulejo donde se busca el pájaro de San Pedro. Habíamos quedado en Rayas. Con 17 añitos.