miércoles, 7 de mayo de 2008

Helena

Después del episodio del dolor testicular, todo volvió a la normalidad, es decir, comentar algún artículo, preguntar algo sobre algún experimento... y poco más. Sin embargo el lunes, después de felicitarme por la charla que había dado en el lab meeting, me preguntó: tú estás ligando con Fernando? Así, de buenas a primeras. Le dije que se metiera en sus asuntos y no fue así, así que al final acabamos teniendo la conversación que toda pareja necesita tras la ruptura para, o bien romper definitivamente o bien darse otra oportunidad. La nuestra resultó, evidentemente, en una ruptura definitiva. No luché lo suficiente por nuestra relación, él es incapaz de recordar ni un solo momento bueno de los que tuvimos, nunca traté de entenderle, hacía lo que hacía porque "de donde él viene" las cosas se hacen así...
Fue como hablar con un perfecto desconocido y a la vez volver a ver todo aquello que me hizo dejarlo. No le grité, y debería haberlo hecho. Porque yo nunca le grito a la gente, y a veces es una buena terapia. A veces.
Tras esa conversación, llegué a la conclusión de que mi semana tragicomédica griega me había dado suficiente lata, pero no. Por la noche, como malamente acerté a contaros ayer, sucedió Ayer.
El martes me riñó por no hacer los experimentos que debería haber hecho hace ya más de seis meses. Volvió a ser mi profesor, volvió a cantarme las cuarenta y a enseñarme a hacer Ciencia. Y todo volvió a ser como antes y hasta me dieron ganas de abrazarlo.
No sé si resistiré otra semana de tragicomedia griega.

Nunca antes me había sentido Helena con hache. Sí, aquélla por la que se pelearon tanto...

2 comentarios:

Emilienko dijo...

Me encantaría tener un consejo esclarecedor para esta situación, pero no lo tengo. Lo siento.

De todas maneras, por si te sirve de consuelo, no dudo de tu capacidad para salir de este embrollo.

El Conde Jayán dijo...

Yo, a lo Hernández y Fernández, aún diría más: Estoy un poco hecho un lío. Más o menos creo que he comprendido la historia... pero como bien dice Emilienko, difícilmente puedo aportarte un consejo en peliagudos asuntos como éste, sin estar en tu piel.

Quizás ese cuaderno para escribir sea un buen comienzo... (Redíez, qué ganas de escribir tengo yo también y qué poco tiempo para hacerlo de verdad).

Besitos, mon amié.