Sin embargo, también hay una parte de mí que tiene miedo. (sí, sé que es normal al principio de algo nuevo). Me da miedo ver ese mar de conocimiento en el que me tengo que meter. Estoy en la orilla, probando el agua con la punta del dedo gordo del pie, y me da frío. Veo unas olas enormes que se me vienen encima y corro playa arriba. Pero me vuelvo y miro por encima del hombro -si he llegado hasta la playa es para bañarme- , y sé que es lo que tengo que hacer. El caso es que pruebo el agua y aunque está fría, me gusta. Me gusta mojarme los pies y me da pereza, o agobio, o miedo, llámalo como quieras, meterme entera. Veo a la gente de mi año, metidos hasta la cintura. Todo en mí son inconvenientes: soy la más joven, soy la que tiene menos experiencia, no he estudiado Biología sino Ciencias Ambientales... pero ser la que menos sabe tiene una gran ventaja: seré la que más aprenda.
Pero me sigue dando un gggññññnosequé meterme de lleno. Últimamente todo en mí es una contradicción. Y echo de menos hablarlo con mi gente. La semana pasada estuvo aquí mi familia: mis padres y mi hermana. Y me veían nerviosa. Hasta entonces no he sabido qué es lo que me pasaba. Fue llegar ellos y explotar a hablar. Y supe qué era lo que me pasaba. Y me ayudaron. Pero ahora vuelvo a estar sola, es domingo, debería estar escribiendo el protocolo de la semana pasada, y no lo estoy haciendo. Y tampoco sé por qué, si cuando me pongo me gusta. ¿Alguien me lo explica?


